jueves, 9 de septiembre de 2010

La Fría


Hoy estoy fría,
aunque los bañistas perseveran
y los oficinistas bronceadísimos
ya sin trauma postvacacional
solo porque ahora conservan su trabajo.
Fría, como si de madrugada
me hubiera tocado un E.T.
con sus articulaciones de otro mundo,
abducida y conducida
hacia la rima interna de lo inane.
Me quisieron conservar
en un cubo de hielo.
La relación con dios, simple:
agitar la charca con un palo
cuando ni siquiera llueve. Sé
que guardo un pozo adentro, idéntico
al de las tatarabuelas con el que obtenían
agua potable, hundiendo
una y otra vez el cubo de madera.
Espero: la historia se inmoviliza,
la crisis amordaza, los parados
se mojan los dedos en mí
para santiguarse de modo convencional.
Espero algo. Espero algo
y no llega. Estoy fría, desangelada,
pareciera que la misericordia
es la vulgar suma de mi voluntad.
Quiero mover los dedos
y salir volando. Quiero ser mala
porque eso recibo. Estoy a punto
de decir una grosería.
Pero el hielo congela el ímpetu,
el metro pasa en todas direcciones
con sus pasajeros. Los ciclistas
doblan su locomoción y la guardan
en el bolsillo, los turistas
me dan una tibieza escasa
como si el asco no proviniera
de ellos, ni de mí: una santa
del futuro que introduce
la llave en la puerta
de su casa y llora.
Una mártir que duerme
continuamente sola
por obra y gracia del espíritu.
Una chica que a la mínima
se transforma en un insecto
de los que se hacen bola
cuando se sienten amenazados.
Bienvenida a septiembre,
hija del santoral; escucha
el ruido del cubo
cuando entra en ti,
y te rompe.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Edad


No tengo edad,
no tengo edad
para amarte,
oh Gigliola Cinquetti
que dices lo cierto
desde el bis a bis
de la traducción.
Te juro, ese mantra
le recité al ladino,
al muchacho de tabaco
de liar, al chico
de ipod y pantalones
caídos al culo, que desde
sus dieciocho centímetros
y primaveras de leche
apareció y desapareció
como un romance, digo
en lengua antigua
y métrica medida, pero
desmedida para mí. No
tengo edad, chavalín.
No te encandiles
con mi parcial luminiscencia:
well, I can dance with you, honey
if you think it's funny
does your mother know
that you' re out?
Oh Abba, dile algo
que no se entera, y baila
sobre mi santidad, y sube
por la posibilidad, y rayos
salen de sus zapatillas
como pequeñas alas
de un Hermes posmoderno.
No te creas una coma
de mi verbigracia.
No te dejes seducir
por mi divinidad vintage.
Serías estúpido
si me haces caso.
Te llevo siete años
y pecados capitales
siete veces siete.
No te muevas
de esa manera, cabrón.
¿Sabe tu madre
que estás fuera?
No tengo edad.

martes, 24 de agosto de 2010

La Verdad


Yo nací desvirgada
y con ojeras.
No es una metáfora,
querida Drosófila.
Así mismo fue.
Cuando me llevaron
por primera vez
al ginecólogo,
él le dijo a mi madre
que ya estaba hecha.
Lloré de vergüenza,
presa de la más pura
verdad. Te juro
que yo no hice nada,
le dije a la dolorosa.
Era cierto. Era cierto.
Empezó el mito.
La posibilidad de la sutura.
El espíritu santo
obró en mí desde feto.
Se introdujo como un parásito
y emancilló la realidad.
Me llamaron Divina.
La sangre fue un signo
de este privilegio.
Me dijeron no
te maquilles las ojeras,
te ves dialéctica, te ves
maravillosamente mártir.
Yo nací desvirgada
por la misma letra,
una paloma de silicona,
una capucha fría como hielo,
una bola de espejos
que yo imaginaba antes
de que pudiese girar.

sábado, 24 de julio de 2010

La Estampa


Yo no transo.
Soy todo lo que tú quieras
pero yo no transo,
ni hago espectáculo público
de mi honradez, de mi convicción,
de la falsa conciencia
que me hace mejor entre las estatuas
del santuario. No trafico
con hostias, ni me acerco
convenientemente al cardenal.
Soy todo lo que tú quieras,
pero no cacareo con palabras
copiadas de la Biblia -del profeta de turno-
ni ofrezco mi cabeza a Salomé
frente a los flashes del noticiero
o de la prensa rosa.
Me moriría de vergüenza
antes de asomarme a la pantalla,
y hacer aspaviento
de mi radical santidad, mi disidencia
conducida de la mano
de las vanidades.
No me vuelvo loca
por aparecer.
No y no. Yo no transo,
soy sólo una currante
que lee y escribe,
una simple mártir
presa en una estampa
a punto de arder.

jueves, 15 de julio de 2010

La Física


Danaus apareció
en su alfombra mágica
enrollada en un pareo
de gasa fina y volátil,
y me dijo estúpida
qué haces allí
muerta de asco, vente
conmigo, nena,
lo pasaremos bien.
Le hice caso, y abrió
sus alas de mariposa
en una fiesta blanca
a la que nos invitó esa noche,
todos muy pero muy
guapos y chics
bañándose en cava
(la palabra más densa
que se escuchó fue chill out).
Yo pensaba de verdad
en comer, en leer,
cosas básicas de santa.
Pero Danaus es insistente.
Tiene verdadero
poder de convocatoria.
Te presento a este, a este,
a esta otra, fulanita de tal,
menganito, y yo,
quería irme, vestida de negro
en esa fiesta albísima,
con una lágrima negra
maquillada, y en la gota
una lentejuela púrpura.
Estaba asqueada.
Piolín apareció
y me dijo parece
que he visto un lindo
gatito. Se fue
a salvar a Drosófila
que de nuevo se quería
suicidar en la piscina
(siempre amenaza
y se queda tan pancha).
Pero resulta que el gatito
se sentó a mi lado.
Me dijo que hacía
una santa como yo
perdiendo el tiempo aquí.
Yo empecé a sangrar
y me morí de vergüenza.
Me habló, como en sueños,
de física cuántica,
de que las santas estamos
indisolublemente ligadas
a la teoría de la incertidumbre,
poéticas y matemáticas
inconcebibles. Le sonreí.
Cuando me recosté
sobre su pecho
escuché una galaxia.

domingo, 4 de julio de 2010

La Fiebre

Estoy ardiendo.
No es el verano,
la playa. Realmente
tengo fiebre, a punto
de combustión espontánea.
Este contrato con Dios
termina en la hoguera.
No la dulce de los relicarios,
el éxtasis de Santa Teresa
cuando se la clavan a fondo,
el corazón en llamas
de santa María virgen
ni el efecto alucinógeno
de la anunciación.
Ahí me ves, guapo,
una estilizada dinamita
bañada en chocolate.
Pero es sudor. La conciencia
de que me pierdo algo.
Dame otra efervescente,
las burbujas me levitarán
sobre justos e injustos:
el sonido de miles
de pulgas de mar
cuando se entierran en la orilla.
Tengo una amígdala
a punto de florecer.
La santidad es esto,
presentarse ante las llamas
de una misma,
el sonido de la tableta
cuando entra al vaso.

martes, 8 de junio de 2010

La Chispa


¿Sabes lo que tengo aquí?,
te digo, mientras tiemblo
espasmódica y endemoniada,
como encima de una
lavadora Suprema
de Corberó, con todas
sus revoluciones por minuto.
¿Sabes lo que tengo aquí?
y te señalo ese punto,
y como adivino que eres
me dices: electricidad.
Yo te digo, Oh yes.
Y entonces: la chispa.