viernes, 5 de febrero de 2010

La Salamandra


Yo quería ser una elegante
salamadra,
negra y amarilla, deseablemente
venenosa, quería ser la salamandra
del tandem Francisco Rovira-David Romero
pero me quedé en salamanquesa,
pálida, glotona, fugaz y fútil
comiéndome los mosquitos chupasangres,
mis cinco dedos con sus ventosas
adheridas al muro adonde llega luz.

lunes, 18 de enero de 2010

La Moneda


La belleza es una especie de error
cuando leo las revistas de moda
y me quedo compungida y dominada
por un terror sin duda hecho para mí.
No soy tonta, probablemente esté
algo alienada por la hegemonía,
y mis joyas saltan desde su falsedad
y mis ropas de rebajas se deshilachan
dejando a mi paso sólo un hilo
que me guiará finalmente a la salida
cuando termine de filetear al minotauro.

Yo, como Dánae, me abro de piernas
y espero que lluevan monedas de oro,
y caen a montones, en efecto, pero falsas,
son cáscaras de bronce rellenas de chocolate,
y esa verdad es también mi revolución.
Sé muy bien que nunca llega lo que espero.
La mutación es el único don que me fue dado.
Probablemente no sea valiente
pero robo, como todas, la debilidad del rey,
las migajas de pólvora con que haré un espejo
y un proyectil diminuto.

Estoy a punto de explotar, pero ese punto
es del tamaño del cañón del colorado,
por ser cañón, con su violencia, y colorada
aunque parezca mentira, como gitaneaban
las Papá Levante con su manita dulce en stop.
Aunque parezca mentira, es cierto
que la vanidad tienta con su multiplicidad,
y si es cierto que soy tierna, y tímida
al final (no te creas, ilustrísima lectora,
que soy una loba devorahombres, ni una
vedette de espectáculo de variedades:
a las santas se nos está vedado el placer
y sangrar es nuestro íntimo derecho)
no te creas, como te decía, que puedo
atender los ruegos de todos los infieles.

Bailo en la rueda de la fortuna, el infortunio
es la balada triste del verano, pero nota
querida saltamontes, que el invierno
es nuestro poder y nuestro pacto.
Estoy harta de esta luz y la barricada
es más simple que una caja de maquillaje.
Te golpeo con mi corazón, en estos momentos,
más eficaz que una gorda y larga bazuca
(si espero el torpedo con la boca abierta
no es tanta la inmolación como la gula)
Ardo en el caldo de la vulgaridad
como la rana aquella que olvida dar el salto
de la sopa en que se cuece viva.

Perdóname, nena, si me he extendido
más que de costumbre. No soy haitiana
pero también busco mis muertos
entre mi aparente comodidad. Rezo.
como la milagrosa que soy,
porque tengo pena, rabia, aunque me veas
bailando como desaforada en medio del zodiaco.

Hago pedazos la gema que soy, y no desprecies
la purpurina que arroje como falsas monedas
cantadas por Concha Buika, sagrada, como yo,
al fin sola, y triste, sobre lugares improbables.
Porque nadie se la queda. Porque todos
se la quedan cuando nadie repara en ello,
y ahí está mi toque, algo que sube por ti
como la vergüenza, y que finalmente te pregunta.

martes, 12 de enero de 2010

La Autorretratada


Yo no soy poeta,
soy una administrativa
semi ilustrada, eternamente
a dieta, y que por falta
de curro, me gano la vida
en un cyber de alguna
ciudad capital. Tengo
el corazón tartamudo,
y a traición un día
se me apareció una deidad
en medio de la discoteca,
y me dijo Gemma, tú serás
mi santa. De ahí mi pelo rojo
estilo boop, acorde con la sangre
de mis palmas, cada cierto tiempo
mezclada con mis innumerables
pulseras de plástico verde y azul.
Leo hasta los envoltorios de caramelos.
Leo los comprobantes arrugados
en las papeleras de los bancos.
Leo los periódicos gratuitos del metro,
me pongo mis gafas de Marilyn Monroe,
para no destrozarme los ojos cuando leo
a las infantas y a las ludovicas
en sus blogs finísimos. Estoy en estado
larvario, y cuando termino de leer escribo
en esos mismos envoltorios, escribo
en los mismos comprobantes de los bancos,
escribo en los periodicos gratuitos
del metro, por si sólo uno se da cuenta
y se ríe, o lo tacha, o lo arroja por ahí.

viernes, 1 de enero de 2010

La Estrella


Hubo un tiempo
en que me esforzaba por ser
absolutamente diaria.
Sin embargo, me he vuelto
discreta -en apariencia- inconstante
como el viento que levanta
las tejas de mi casa y esconde
un secreto, una futura gotera,
el sonido mismo de la cicatriz.

Otro año ha pasado, la fiesta
me dejó extinta -no tanto por bailar
como por sentirme bailada, algo tan
machista como que te lleven por el escenario
y te dejes ir, peonza extraviada
pero girando y girando como el tic-tac
del tiempo en su finitud, yo, la más
gorda de las burbujas de freixenet,
pero por una vez en la noche, bebida,
dorada y deseada.

Hubo un tiempo en que los años
eran arañas
que anidaban en los huecos de mis oídos,
capturando insectos -las lenguas
de los hombres incautos que me decían cosas
con la prentención de atraparme y no al revés.
Esta vez fueron simples
estrellas apagadas,
que se tragaron todo
lo que tuvo nombre,
en medio de esa fiesta voraz
donde mis lectoras
-sus tacones de aguja como jeringuillas-
componían haikús en el finísimo
piso hecho de hielo, mientras
los hombres acomodaban
un delfín al interior de los bolsillos.

Cuando todos hacían la cuenta atrás
yo seguía contando hacia adelante.

domingo, 20 de diciembre de 2009

La Procaz


Sois todos
unos bestias,
"hombres de mala ley,
animales de mierda
que no son capaces
de hacer nada
que no sean desgracias".
Eso mismo: tal
como dijo G.G. Márquez
en sus Cien años de Soledad,
yo que llevo cien días,
con la misma rabia
y más sola que la nieve.
(comiendo polvorones,
esperándo que llegue un email,
alguno que me invite
para fin de año a alguna parte).
Y nada.
Ahora cuéntaselo a tu tía,
y que patatín y patatán.

viernes, 11 de diciembre de 2009

La Frágil


Mis lectoras
que al fin de cuentas
son mis dos amigas
de toda la vida -la Drosófila
Melanogaster y la Danaus
Plexippus- me vinieron a visitar
para subirme el ánimo.
No me quieren fantasmagórica,
banshee de mala muerte, llorona
ay de mí llorona, llorona de azul,
celeste, que aunque mi vida cueste,
llorona, no dejaré de quererte, etc,
pero cantada por Chavela
Vargas, a quien adoro más
que a mí misma. Con todo
ese disco vinieron a posarse
mis mejores insectas
sobre la gema de mi corazón
trizada y magullada, enmohecida
como la madera de una casa
que fue barco. Vinieron ellas
para hacerme reír,
para que saliera de mi tumba,
para que me pintara los ojos
verdes, como el chile verde,
llorona, la boca roja como
el libro rojo de los valientes,
y me olvidara de aquél,
que me dijo fea, que me dijo falsa,
que me dijo frágil, que me dijo fétida
y todas las efes de un fuego atroz
que me consumió como a una golem
de paja, una espantapájaros fútil
pero con todos los pájaros adentro.

martes, 8 de diciembre de 2009

La Superviviente


Regreso,
superviviente, de la gripe a, b, c
del abecedario incauto de los suicidas,
que no es detectado por microscopio alguno
ni vacunado con ningún veneno.
Necesitaba respirar, abrir las ventanas,
tragarme los pájaros, los papelillos misteriosos
que mi vecino les entrega a conductores
esporádicos frente a su casa.
Veo el otoño persistente en su noviazgo
con las marujas, con los niños colgando
de carritos, con estancos donde los puros
enseñan su verdad. Los supermercados
establecen su verbo, peatones y peatonas
rumbo a sus trabajos o a la cola del inem,
y yo entregada a la molicie como una rueda
redonda de río, masticada, hecha polvo
pero íntegra ante la evidencia, ante el desarrollo
de la fobia, del asco, y lo peor: el dulce
estreñimiento verbal que me estigma. Supe
que cuando duele de verdad , me quedo
completamente callada.