martes, 8 de junio de 2010

La Chispa


¿Sabes lo que tengo aquí?,
te digo, mientras tiemblo
espasmódica y endemoniada,
como encima de una
lavadora Suprema
de Corberó, con todas
sus revoluciones por minuto.
¿Sabes lo que tengo aquí?
y te señalo ese punto,
y como adivino que eres
me dices: electricidad.
Yo te digo, Oh yes.
Y entonces: la chispa.

jueves, 20 de mayo de 2010

La Editada


Fue anoche la unción.
Caían tijeras
sobre las tiras de celuloide,
la moviola de Serrurier
no era precisamente, sino yo
compuesta y descompuesta,
editada ante el negativo
y positivo de tu cuerpo.

Yo no sé de guiones
pero imagino el nudo
y el desenlace, justo cuando
todo se enlaza y me descubro
impregnada de emulsión
sensible, una simple golem
hecha de metros y metros
de lo que tú mismo eres.

Tanto tú como yo
desde nuestro encuentro
y desencuentro, sólo válidos
por el corte y la unión,
cobramos vida cuando
un simple rayo
pasa a través de nosotros
proyectando el movimiento
en una sábana blanca.

lunes, 10 de mayo de 2010

La Golondrina


La primavera,
querido Piolín,
es una maldad.
Debería continuar
sintiéndome rota,
eternamente congelada
en este claustro gótico
al que me tienen unida.
Como todas, atrapo
las sutiles lagartijas,
espero que abran la boca
y me las cuelgo
de los lóbulos de las orejas.
Así me gusta girar.
Estornudo, como tú,
maravilloso canario,
aunque la alergia
es un regalo comparado
a esta ociosa labor
de perdonar al mundo.
Me dices que tus amigos
ya se han comprado el bañador
-modelo Ck, en los pasillos del Corte-
y si yo ya tengo
escogido el triquini.
Maldito asqueroso,
no sé cómo sucede
que seamos amigos.
No, Piolín, no lo he comprado,
y solo me dedico a cortar trozos
de aloe vera de mi terraza
para estrujarlos sin pena
sobre mi juventud esquiva.
Curro y me desmayo
muerta de risa
escuchando tus bobadas,
que al fin de cuentas,
me hacen más valiente,
me salen alas y todo.
La verdad me convierte
en otra golondrina
buscando grietas en los cuerpos
para hacer nido.

martes, 4 de mayo de 2010

La Dádiva


Yo te di
el terreno
invisible
entre este
poema
y el pliegue
de mi rodilla
contra el muslo.
Una falla geográfica
pero a final
falla. De Error,
no de Eros.
Falla de errar
por una obertura
llamada texto
o llamada cuerpo
cuando suenan
de mañana todos
los relojes
despertadores,
y una se contenta
con el hueco
de la almohada.
Una se contenta
con todos
los universos
paralelos,
que une
ese agujero negro
donde haz apoyado
tu cabeza esa noche.
Y de repente
tu regalo es mayor
que el mío. Pero no
mejor.

sábado, 10 de abril de 2010

La Simple


Yo no quiero ser ella,
fingir en la propuesta de mi foto,
reificada y fetichizada
hasta el paroxismo, entornada
en mi belleza, melíflua
al fin y al cabo, el icono
de mi propia marca, la seducción
de mi propio afiche. Yo quiero ser
algo más friki, algo más banal,
la fealdad envuelta
en un celofán delicioso,
lo vulgar elevado a grado sumo,
la vanidad simple de la choni.
Yo no quiero ser ella,
ni poetizar mis labios, ni mi talla
36, ni mirar el espejo
de la madrastra de Blancanieves.
Yo quiero algo más hortera,
algo más grotesco y kitch:
pido ser Lady Gaga
y marcar eternamente mi telephone.

domingo, 14 de marzo de 2010

La Vieja


Volver a los diecisiete
decía Violeta Parra,
y se ha escrito tantas veces
el mismo poema, el regreso, el Uróboros
comiéndose en el inicio concreto
del retorno. Y no se trata
de escapismo, estimadas lectoras: es algo
tan simple como la evanescencia,
la calle y su pólvora, el restaurante
chino, su nombre traducido como
dragón o superfénix. Los coches
regresan a sus propios diecisietes,
las abuelas con sus carros de la compra
de vuelta al nacimiento,
los chavalines en las discotecas
tragándose la materia sintetizada de un ángel.
Ellos asisten a su infancia.
La chica que llora en el lavabo
regresa a su aliento una y otra vez.
Los inmigrantes con su anillo de luz,
los trabajadores retrocediendo a sus hipotecas,
todas las copias del top-manta
regresan a los oídos con su inanidad.
Solo yo sigo envejeciendo,
con esta sangre puesta en los labios,
solo yo sigo envejeciendo
con esta mirada que no cabe en su ojo.

sábado, 6 de marzo de 2010

La Rota


Qué es esta lejanía
sangrante como una anémona,
esta melopea melíflua y frugal
que me sube por los tacones,
desvirgada continuamente
como poseída por el ente,
sin otro signo que el de exclamación.

No estoy muda, bombón, estoy lejos
aburrida y sola en medio del desguace,
emitiendo sonidos como si un hierro
se oxidara lentamente en mi garganta.
Sigo guapa, no lo dudes, no es vanidad,
es sólo mantener concentrada el equilibrio
en esta cuerda maravillosa del cliché.

Quiero ser la santa devorada por los hombres
en el lupanar invisible de la renuncia.
No es antropofagia, bonita, no es filatelia.
Es el acto mismo de la inscripción en la suma:
estoy rota, anudada a una roca marina,
esperando al Ceto que vendrá a devorarme.
Podría delinearme los ojos eternamente
mientras la espuma me deja cangrejos
en miniatura entre los dedos de los pies.

No son rosas cósmicas, como las que lleva
María santísima, embaucada por los sacramentos.
Yo solo pido bailar
en medio de la hecatombe. No soy tonta,
no me mires así, es algo más profundo:

mirar exactamente el agujero.